Las aguas, como en la situación meteorológica de las últimas semanas bajan bravas por el caudal inane que la propia federación ha ido embarrancando desde hace al menos casi tres años, desde que Daniela González obtuvo la renovación de su mandato sin rivales que le mentaran el oído.
Procedente del anterior mandato de su predecesor, Pedro Rodríguez, cuando este dimitió para presentarse electoralmente al Senado de España, y con quien era vicepresidenta, este aparece, ahora, como firmante del Manifiesto que estos días se ha puesto sobre la mesa, incluso con la creación de una web de seguimiento fed26.org para mayor transparencia. Y sin ocultar que, finalizado, el mandato de ocho años que marcan los estatutos Daniela González lleva meses vendiendo la tajada de modificar y proponer una nueva redacción de los estatutos, y hacerlo además, eso sí, sotto voce como dicen los clásicos. Y que quiere decir (sic) “en voz baja, que se usa con cierta frecuencia en español para indicar que algo se dice o hace por lo bajo, con disimulo para que pase lo más desapercibido posible”
Alternativa para un cambio de rumbo
Se ha sabido esta semana. Un grupo de hombres y mujeres se han puesto en marcha para darle a la FSMCV un programa bien estructurado para cambiar el rumbo de una nave varada.
La publicación del Manifiesto por una Federación de Sociedades Musicales con futuro (léase en página3) no es un gesto menor ni una iniciativa coyuntural. Es la expresión pública de una inquietud profunda que atraviesa el movimiento de sociedades musicales valencianas y que, por primera vez en tiempo, se articula de manera organizada y visible con voluntad de alternativa.
Las elecciones a la Junta Directiva de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana (FSMCV), previstas para el último trimestre de 2026, pueden parecer aún lejanas. Sin embargo, el debate que plantea este manifiesto no tiene que ver con calendarios, sino con modelo, liderazgo y dirección estratégica.
Más influencia y presencia social. Recuperar el relato
La cuestión de fondo es clara: ¿está hoy la Federación ejerciendo con la ambición y la fortaleza necesarias el papel que le corresponde dentro del ecosistema cultural y educativo valenciano?
Los firmantes del documento —directivos de sociedades musicales, responsables de escuelas de música, músicos, profesionales del sector, familias y personas comprometidas con la música valenciana— no hablan desde la marginalidad ni desde la crítica externa. Hablan desde dentro. Y lo que trasladan es una percepción compartida: el sistema musical valenciano corre el riesgo de perder centralidad, relato y capacidad de influencia si no se produce un cambio de rumbo.
Durante décadas, la FSMCV ha sido un referente de vertebración territorial, interlocución institucional y proyección cultural. Siempre acompañado de una vocación exigente y reivindicativa. Pero la fortaleza histórica no es garantía automática de futuro.
El entorno ha cambiado radicalmente: mayor presión administrativa, transformación digital acelerada, competencia creciente por los recursos públicos, nuevas demandas formativas y un colectivo de músicos profesionales en expansión que no encuentra suficientes oportunidades laborales.
No basta dejarse llevar por inercia sin propuestas y cambiar los estatutos para perpetuarse
Ante este escenario, gestionar inercialmente lo existente ya no basta. Tal vez este sea el programa oculto de Daniela González que consta de un único punto: perpetuarse en la presidencia o cuatro años más (Primera opción) o sin límites (segunda) con un golpe de mano sotto voce. Lo primero, complacer a su equipo de gobierno que cumple con ella, ahora, los dos mandatos; y además con la jugada más sucia que se advierte oculta en su proposición, eliminar las listas abiertas y convertirlas en listas cerradas; de esa manera la Junta Directiva estaría compuesta exclusivamente por integrantes de la candidatura que ganase aunque sea por un solo voto. Este debate tiene sentido en las elecciones a una cámara legislativa o de control, en España, modulada por la regla D’Hont, pero nunca en el gobierno de una asociación sin ánimo de lucro, que se armoniza por los recursos públicos provenientes de las instituciones.
Cuatros ejes para el debate
El manifiesto propone cuatro ejes que es más que una declaración programática, constituyen un diagnóstico implícito de las carencias actuales. La necesidad urgente de más recursos estructurales para las sociedades musicales y, especialmente, para sus escuelas; el refuerzo real —no meramente formal— de la interlocución con administraciones y agentes estratégicos; la apuesta decidida por la innovación y la digitalización; y, finalmente, la creación de oportunidades profesionales para los músicos formados en el propio sistema.
Cada uno de estos puntos señala una debilidad. Y cada debilidad apunta a una responsabilidad pendiente.
No se trata de cuestionar trayectorias personales ni de abrir confrontaciones innecesarias. Se trata de asumir que el modelo federativo necesita actualización, liderazgo estratégico y una narrativa sólida que devuelva a la FSMCV el lugar central que históricamente ha ocupado.
Programas sin personaismo
Especialmente preocupante resulta la percepción de debilitamiento del relato social de la entidad. Las sociedades musicales no son solo estructuras culturales: son espacios educativos, redes comunitarias y patrimonio vivo. Son Patrimonio (Bien de Interés Cultural y Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España) Si la Federación no proyecta con claridad esa dimensión ante la sociedad y las instituciones, otros ocuparán ese espacio.
La creación de la web www.fed26.org como plataforma abierta de adhesión y debate refuerza la idea de que no estamos ante una candidatura cerrada ni personalista, sino ante un proceso que busca construir programa antes que repartir cargos. Esa diferencia no es menor.
Lo verdaderamente relevante es que, por primera vez en años, una parte significativa del colectivo está dispuesto a discutir abiertamente el futuro del modelo. Y eso, lejos de ser un síntoma de fractura, es una señal de madurez.
El movimiento musical valenciano ha sobrevivido a crisis económicas, transformaciones políticas y cambios sociales, incluso catástrofes como la pandemia y la Dana, y sobrevive gracias a su capacidad de adaptación y a su sentido colectivo.
Ahora vuelve a enfrentarse a una encrucijada.
Recuperar la ambición
La pregunta no es si habrá elecciones en 2026. La pregunta es si la FSMCV sabrá anticiparse a los desafíos que ya están aquí.
Cuando una organización cultural pierde ambición, pierde influencia. Y cuando pierde influencia, pierde capacidad de proteger aquello que representa.













