Cinco Mano a Mano’s ilustran el transcurrir de un director que dejará una gran huella en su paso por los escenario de El Litro de Buñol. Saúl Gómez. Los decimos porque hemos sabido que esta será su última aparición en el Auditorio de Buñol al frente de La Armónica.
Así nos lo ha hecho saber, y también hemos podido saber del vacío que va a dejar en el seno de la sociedad y principalmente entre los músicos. Saül, según nuestra opinión de informadores, se ha hecho grande en La Armónica y ha hecho más grande si cabe a La Armónica. Un bagaje inmenso del que tendrá memoria durante mucho tiempo. Se le despedirá con honores despúes de Santa Cecilia. Allí estaremos.
La Armónica presenta este año un programa titulado Horizontes. ¿Qué representa para usted esta palabra y qué quiere expresar la banda con este concepto? ¿Hacia qué horizonte quiere llevar al público a través de la música?
Horizontes representa la inquietud permanente del ser humano por descubrir qué hay más allá. Es esa necesidad de avanzar, de explorar, de aprender y de no conformarse nunca con el lugar en el que estamos.
Creo que esa idea define muy bien a la música. Cada obra es un nuevo horizonte, cada ensayo un nuevo reto y cada concierto una oportunidad para crecer. También define a La Armónica, una sociedad que siempre ha mirado hacia delante sin dejar de respetar su historia.
Me gustaría que el público entendiera el concierto como una invitación a emprender un viaje. No tanto hacia un lugar concreto, sino hacia nuevas emociones, nuevas ideas y nuevas formas de mirar el mundo a través de la música
El programa reúne obras de John Mackey, Ottorino Respighi y una composición propia, Breathing Bits. Sinfonía n.º 0. Son universos musicales muy diferentes. ¿Qué hilo conductor ha encontrado para reunirlos en una misma propuesta y qué relación existe entre las tres obras dentro del discurso general del concierto?
Aunque las tres obras pertenecen a compositores, estilos y épocas muy diferentes, comparten una misma idea: todas hablan de un viaje hacia un nuevo horizonte.
High Wire representa el desafío y la superación, la capacidad de avanzar incluso cuando el camino exige asumir riesgos. Belkis, Regina di Saba nos invita a descubrir nuevos mundos, otras culturas y sonoridades que despiertan la imaginación. Finalmente, Breathing Bits plantea un viaje hacia el futuro, invitando a reflexionar sobre cómo la tecnología está transformando nuestra forma de vivir y de relacionarnos.
Juntas construyen un mismo discurso. No es un programa pensado únicamente para mostrar tres grandes obras, sino para proponer un recorrido emocional que comienza con el reto, continúa con el descubrimiento y termina con una reflexión sobre el horizonte que tenemos delante.
High Wire plantea una música de enorme energía y exigencia, mientras que Belkis, Regina di Sabanos conduce hacia un universo sonoro completamente diferente. ¿Qué le interesa especialmente de estas obras y qué retos interpretativos plantean a La Armónica?
Son dos obras muy diferentes, y precisamente ahí reside gran parte del atractivo del programa. High Wire exige una precisión extraordinaria. Es una música de enorme energía, donde cada músico debe asumir un papel muy activo y mantener la tensión de principio a fin. Es una obra que pone a prueba la concentración y la capacidad de la banda para funcionar como un único organismo.
En cambio, Belkis representa todo lo contrario. Respighi crea un universo lleno de color, sensualidad y riqueza tímbrica. Aquí el reto no está tanto en la potencia como en la capacidad de construir atmósferas, de cuidar cada detalle y de hacer que la orquesta respire y narre una historia.
Creo que ambas obras muestran dos caras fundamentales de La Armónica: la brillantez técnica y la sensibilidad artística. Conseguir pasar de una a otra con naturalidad es, probablemente, uno de los mayores desafíos de este Mano a Mano.
En el programa aparece también Breathing Bits. Sinfonía n.º 0, una obra de su propia autoría. ¿Qué supone para usted dirigir una composición que ha escrito usted mismo? ¿Se escucha de una manera diferente una obra cuando uno es al mismo tiempo su compositor y el director que debe llevarla al escenario?
Dirigir una obra propia es una experiencia muy especial, pero cuando empiezan los ensayos intento dejar de pensar como compositor y hacerlo únicamente como director. La obra ya está escrita; mi responsabilidad es ayudar a que cobre vida junto a los músicos.
Quizá conozco mejor que nadie la intención que hay detrás de cada pasaje, por qué existe un determinado silencio o un cambio de color, y eso facilita el trabajo. Pero, al mismo tiempo, procuro mantener la suficiente distancia para escuchar la música con espíritu crítico y estar abierto a lo que la banda puede aportar.
Al final, una obra no pertenece solo a quien la escribe. Cuando llega al atril pasa a ser también de los intérpretes, y ahí es donde realmente empieza a vivir
En Breathing Bits aparecen reflexiones vinculadas a la tecnología y a la deshumanización. En un concierto tan tradicional y simbólico como el Mano a Mano, ¿qué significado tiene introducir una mirada tan contemporánea? ¿Puede la tradición convivir con la innovación sin perder su esencia?
Precisamente por eso me parecía interesante incluir una obra como Breathing Bits en un concierto con tanta tradición. La tradición no consiste en mirar siempre al pasado, sino en seguir teniendo algo que decir en el presente.
La obra plantea una reflexión sobre cómo la tecnología está cambiando nuestra forma de vivir y de relacionarnos. No es una crítica a la tecnología, que ha supuesto un avance extraordinario, sino una invitación a no olvidar aquello que nos hace humanos: respirar, sentir, emocionarnos y compartir.
Creo que una banda de música representa muy bien esa idea. En un momento en el que todo parece cada vez más digital e individual, un concierto sigue siendo un acto profundamente humano. Personas que respiran juntas para emocionar a otras personas. Y esa esencia es perfectamente compatible con la innovación.
El Mano a Mano es probablemente uno de los conciertos con mayor carga emocional para una banda de música. ¿Cómo se prepara un director para gestionar la tensión, la responsabilidad y las expectativas que genera una noche como esta? ¿Y cómo se prepara emocionalmente a los propios músicos?
El Mano a Mano genera una emoción difícil de comparar con cualquier otro concierto, pero creo que la mejor manera de afrontarlo es llegar con la tranquilidad de haber hecho bien el trabajo durante el tiempo de preparación. Cuando llega esa noche ya no hay que pensar en todo lo que falta, sino confiar en lo que se ha construido.
A los músicos intento transmitirles precisamente eso: confianza. Que disfruten, que respiren y que recuerden por qué están ahí. Cuando una banda sale al escenario unida, convencida de lo que quiere contar y con ganas de compartirlo con el público, ocurre algo especial. Y esa unión vale mucho más que cualquier perfección técnica.
El público de Buñol vive el Mano a Mano con una intensidad muy particular. Muchos espectadores conocen las obras, siguen la trayectoria de los músicos y sienten una auténtica pertenencia hacia La Armónica. ¿Cómo se transforma esa energía del público en energía musical sobre el escenario?
En Buñol el público vive el Mano a Mano de una forma muy especial porque siente la banda como algo propio. Conoce a los músicos, sigue su trayectoria y comparte con ellos la ilusión y la responsabilidad de esa noche. Esa implicación hace que la energía que llega desde el patio de butacas sea enorme.
Los músicos lo perciben desde el primer momento. Esa emoción no genera presión, sino un compromiso aún mayor por ofrecer lo mejor de nosotros. Al final se crea un diálogo muy bonito entre el escenario y el público: nosotros transmitimos música y ellos nos devuelven una energía que nos impulsa a dar un paso más en cada interpretación.
La rivalidad histórica entre La Armónica y La Artística es uno de los grandes atractivos del Mano a Mano. ¿Cómo vive usted esa rivalidad desde la dirección? ¿Cree que sigue siendo necesaria para mantener vivo el espíritu del concierto o piensa que, con el paso del tiempo, ha adquirido un significado diferente?
La rivalidad forma parte de la historia del Mano a Mano y ha contribuido a convertirlo en un acontecimiento único. Entendida desde el respeto, creo que es muy positiva porque impulsa a ambas sociedades a superarse y a ofrecer cada año su mejor versión.
Con el paso del tiempo, quizá ha cambiado el enfoque. Hoy me gusta entenderla más como una rivalidad artística que como una confrontación. Cada banda trabaja durante meses para emocionar al público a través de su propia identidad y de su manera de entender la música.
Al final, quien realmente gana es Buñol. Tener dos bandas con este nivel artístico y esta pasión por la música es un privilegio que muy pocos lugares en el mundo pueden disfrutar.
En una noche así, ¿qué espera de sus músicos? ¿Busca únicamente la máxima excelencia interpretativa o hay algo más importante que quiere transmitirles antes de salir al escenario?
Por supuesto que todos buscamos ofrecer el mejor nivel artístico posible, pero antes que eso espero que mis músicos salgan al escenario convencidos de lo que hacen y orgullosos del trabajo realizado durante este tiempo.
Siempre les digo que hagan música de verdad. Que escuchen al compañero, respiren juntos y transmitan con honestidad todo lo que hemos preparado. Si conseguimos eso, el público lo sentirá desde el primer compás.
Quiero que disfruten del momento, porque esa emoción es la que finalmente llega al público. Cuando una banda toca unida y cree en lo que está haciendo, eso se percibe inmediatamente.
Si después del concierto pudiera elegir una sola sensación para que permaneciera en el público, ¿cuál sería? ¿Qué le gustaría que recordaran los espectadores cuando, al día siguiente, hablaran de la actuación de La Armónica en este Mano a Mano?
Me gustaría que el público saliera del auditorio con la sensación de haber vivido una experiencia. Que no recordara solo la dificultad de las obras o un momento concreto del concierto, sino las emociones que la música le hizo sentir.
Si al día siguiente alguien sigue pensando en una melodía, en un sonido o en una emoción que le acompañó durante el concierto, significará que la música ha dejado huella. Creo que ese es el mayor regalo que puede ofrecer una banda.
Y una última pregunta, quizá la más difícil: ¿qué significa para Saül Gómez, personalmente, dirigir a La Armónica en el Mano a Mano de Buñol? ¿Qué tiene esta noche que no tenga ningún otro concierto?
Dirigir a La Armónica en el Mano a Mano es un privilegio y una enorme responsabilidad. No es solo un concierto; es una tradición con una historia extraordinaria y con un significado muy especial para todo un pueblo.
He tenido la suerte de vivir esta noche en 5 ocasiones y cada una ha sido diferente, pero todas tienen algo en común: la intensidad con la que se vive la música. Esa mezcla de ilusión, compromiso y emoción es difícil de encontrar en cualquier otro escenario.
Personalmente, me quedo con el camino recorrido junto a esta banda. Más allá del resultado de un concierto, lo verdaderamente importante son los años compartidos, el crecimiento conjunto y todos los momentos que hemos vivido gracias a la música. Eso es lo que hace que el Mano a Mano tenga un significado tan especial para mí.











