En un momento en que el debate sobre la gobernanza de las sociedades musicales y de sus estructuras representativas ocupa cada vez más espacio en la actualidad valenciana, dos ejemplos recientes merecen una reflexión pausada.
Rosario Pardo, presidenta saliente de La Armónica de Buñol, y José Luis Pérez Veses, presidente saliente de la Banda Primitiva de Llíria, han concluido sus respectivos mandatos después de ocho años al frente de dos de las instituciones musicales más emblemáticas de la Comunitat Valenciana. Véanse sendas entrevistas exclusivas en este diario online:
Más allá de los logros concretos de cada gestión, ambos dejan una enseñanza que trasciende sus propias sociedades musicales: la importancia de entender el liderazgo como una responsabilidad temporal y no como una posición permanente.
Las sociedades musicales valencianas han construido uno de los movimientos culturales más extraordinarios de Europa. Su fortaleza nunca ha dependido exclusivamente de grandes directores, músicos brillantes o presidentes carismáticos. Ha dependido, sobre todo, de la capacidad de cada generación para recibir una herencia, mejorarla y transmitirla a quienes vienen detrás.
Ese principio parece sencillo, pero encierra una enorme profundidad institucional.
Las organizaciones envejecen cuando sus estructuras se convierten en fines en sí mismas. Crecen cuando son capaces de renovarse sin perder su identidad. Y precisamente esa capacidad de renovación constituye hoy uno de los grandes desafíos del ecosistema musical valenciano.
Tanto Rosario Pardo como José Luis Pérez Veses han afrontado etapas complejas. Han gestionado dificultades económicas, procesos de modernización, tensiones internas, cambios en la dirección musical, desafíos educativos y transformaciones sociales…incluso una pandemia, que afectan directamente a las sociedades musicales. Ambos han tenido que tomar decisiones difíciles y ambos han dejado una huella propia en las entidades que han presidido.
Pero quizá su principal aportación no se encuentre únicamente en lo realizado durante sus mandatos, sino en la manera de concluirlos.
En tiempos donde la continuidad en los cargos parece haberse convertido en una aspiración para muchas organizaciones, ambos han asumido con naturalidad que las instituciones son más importantes que las personas y que la alternancia puede convertirse en una fuente de enriquecimiento colectivo.
La cuestión resulta especialmente relevante porque el movimiento musical valenciano se encuentra ante una nueva etapa histórica.
La revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la transformación de los modelos educativos, los cambios generacionales y las nuevas formas de acceso al conocimiento están modificando profundamente el contexto en el que operan las sociedades musicales. Las escuelas de música, verdadero corazón del sistema, afrontan desafíos inéditos. Los modelos de gestión necesitan evolucionar. (Véase el editorial del número 80 de lasBandas)
https://www.lasbandasdemusica.com/editorial-lasbandas-80-ya-no-se-trata-de-quien-dirige-la-fsmcv/
Ninguna de estas transformaciones podrá abordarse únicamente desde la continuidad. Requerirán nuevas ideas, nuevos liderazgos y nuevas formas de entender la participación.
Por eso el ejemplo de quienes saben concluir una etapa adquiere un valor especial.
Porque dejar un legado no consiste únicamente en inaugurar proyectos, equilibrar presupuestos o acumular reconocimientos. También consiste en crear las condiciones para que otros puedan continuar construyendo.
Las sociedades musicales valencianas han demostrado durante dos siglos una extraordinaria capacidad de crecimiento y de adaptación. Han sobrevivido porque siempre han sido más grandes que cualquiera de sus dirigentes.
Quizá la mejor contribución que pueden realizar hoy quienes finalizan una etapa sea precisamente esa: ofrecer su experiencia, preservar la memoria colectiva y, al mismo tiempo, estimular los cambios necesarios para que una nueva generación pueda conducir al movimiento musical valenciano hacia el futuro.
Ese es, probablemente, el legado más valioso que dejan Rosario y José Luis.
Léanlos, merece la pena.











