Despedirse de la presidencia de una sociedad musical nunca es un simple relevo institucional. Cuando se trata del Centro Instructivo Musical La Armónica de Buñol —El Litro—, la salida adquiere una dimensión más profunda: la de quien deja de ocupar un cargo, pero no abandona una forma de vida.
Tras ocho años al frente de la entidad, Rosario Pardo cierra una etapa marcada por la reconstrucción interna, la modernización de infraestructuras y la consolidación de un proyecto artístico con proyección.
Llegó en un momento de crisis, con una sociedad tensionada y dividida, y se despide con un relato muy distinto: el de una organización cohesionada, activa y con un horizonte definido.
Pero más allá de los logros tangibles —la nueva Escuela de Música, la renovación del patrimonio, el impulso a la actividad artística—, su discurso revela algo más difícil de medir: una determinada manera de entender la gestión en el ámbito de las sociedades musicales. Escuchar, integrar sensibilidades, tomar decisiones y explicarlas. Liderar, en definitiva, desde dentro.
En sus respuestas aparece de forma constante una idea que atraviesa toda la entrevista: la sociedad musical como comunidad compleja, sostenida por equilibrios delicados entre lo artístico, lo educativo y lo social. Una “partitura a muchas manos”, como ella misma la define, en la que cada generación aporta su voz.
La conversación no se limita a hacer balance. Es también una reflexión sobre los retos de futuro: la vinculación de los jóvenes, la compatibilidad entre formación reglada y vida bandística, o la necesidad de adaptar estructuras históricas a un contexto cambiante sin perder su esencia.
Hay, además, un tono que recorre todo el texto: el de quien pensaba que venía a transformar una institución y descubre, al final del camino, que ha sido transformada por ella.
Porque en Buñol, y especialmente en El Litro, la música no se dirige: se vive.

“La confianza no se impone, se construye con coherencia, respeto y tiempo.”
Sobre el inicio y la vivencia personal
¿Qué sintió al asumir la presidencia?
Era muy consciente de la responsabilidad que representa El Litro: historia, identidad y generaciones de esfuerzo. No es un cargo meramente organizativo, sino la responsabilidad de custodiar un legado y tomar decisiones que afectan a una comunidad muy viva.
Asumí el reto con una gran ilusión y con un rumbo claro. El primer año fue fundamental para conocer en profundidad la sociedad, sus dinámicas y a las personas que la hacen posible día a día, pero también para transmitir mi forma de trabajar.
Porque hay algo que tenía muy claro desde el principio: la confianza no se impone, se construye con coherencia, respeto y tiempo.
¿Qué ha cambiado en usted tras estos ocho años?
Han sido años de aprendizaje constante. Mi experiencia profesional me ayudó, pero dirigir una sociedad musical es muy diferente a cualquier otro ámbito.
He tenido la suerte de contar con un equipo sólido y comprometido, con el que hemos podido impulsar la Sociedad incluso en momentos muy difíciles, como la pandemia.
A nivel personal, he aprendido a escuchar antes de actuar, a entender distintas sensibilidades y a tomar decisiones teniendo en cuenta su impacto humano. También a explicar esas decisiones, incluso cuando no son fáciles, y a asumir con naturalidad la crítica.
Al final, no se trata solo de lo que eres capaz de hacer, sino de cómo lo haces y cómo acompañas a todas las personas que forman parte del proyecto común. Como el músico, que no es mejor por tener más técnica, sino fundamentalmente por lo que puede aportar al conjunto, y por lo que puede transmitir al público.
“No se trata solo de lo que haces, sino de cómo acompañas a las personas.”
Punto de partida y objetivos
¿Cuál era la situación al inicio y qué objetivos se marcó?
Llegué en noviembre de 2017 en un momento muy complicado, tras la salida del director David Fiuza y el episodio de Kerkrade. La Sociedad atravesaba una crisis interna importante, con confrontación incluso dentro de la propia Banda Sinfónica.
En primer lugar había que reconstruir la convivencia y recuperar la cohesión, a continuación establecer un proyecto artístico claro para reactivar la ilusión. Lógicamente, la cohesión no se recupera de un día para otro, hacía falta tiempo y un impulso y dedicación constante.
Mientras reconstruíamos la paz social nos pusimos también a la tarea de reconstruir el patrimonio de El Litro en el que no se habían hecho inversiones significativas en los últimos 20 años. De hecho, la construcción de una Escuela de Música nueva estaba en el centro de mi propuesta electoral.
¿Se han cumplido esos objetivos?
Sí, de forma significativa. Hoy dejamos una sociedad cohesionada, con un clima de convivencia muy positivo, una actividad artística con una base sólida y con proyección. En cuanto a la renovación del patrimonio, en noviembre de 2020 inauguramos el edificio que alberga la nueva Escuela de Música Manuel Carrascosa, con unas prestaciones y equipamiento del más alto nivel. En el Palacio de la Música se ha instalado un sistema de climatización (2018) y se ha incorporado un nuevo sistema de iluminación, audiovisual y de proyección con gestión digital (2025), y también hemos renovado integralmente el local social, nuestro flamante Casino Bar El Litro, inaugurado en 2023.
¿Qué le hubiera gustado llevar a cabo y no pudo materializarse?
Me hubiera gustado desarrollar un proyecto de innovación educativa en colaboración con el Conservatorio de Buñol que permitiera integrar el trabajo de los músicos en nuestras agrupaciones dentro del currículo oficial de enseñanza de música. El músico en formación tiene que compatibilizar los estudios generales (ESO y Bachillerato) con la enseñanza de música (Conservatorio profesional) y, además, cumplir con un exigente programa de conciertos de nuestra banda.
En un contexto cada vez más competitivo, la banda es el eslabón más débil. Sin embargo, sabemos que es el elemento diferenciador de la excelencia. Los conservatorios se nutren de la cantera que generan las escuelas de las SSMM y del nivel musical por su formación temprana en las agrupaciones de las SSMM. La participación en la banda debe homologarse en el currículum de enseñanza reglada. Creo que esto es crítico para la sostenibilidad de las SSMM, de forma que no saturemos a los músicos con asignaturas de banda y conciertos en el conservatorio, que se solapan a los ensayos y conciertos de la banda, en detrimento de estas últimas.
Sin embargo, como te decía, no he conseguido que demos ningún paso significativo en esta línea, ni siquiera como proyecto piloto de innovación educativa a nivel local, aprovechando la titularidad municipal del Conservatorio Profesional y la importante contribución de las sociedades musicales en Buñol.
Decisiones y momentos clave
¿Cuál fue la decisión más difícil?
El final de la etapa de Pepe Tello como director de la Banda Sinfónica en 2021.
Pepe había sido nombrado director poco antes de mi llegada y con él transitamos los peores momentos de división en la banda. Ser parte de la casa, su conocimiento de la banda, y su dedicación incansable fueron claves en el principio de la reconstrucción. Además, Pepe tuvo un protagonismo fundamental en el mantenimiento de la actividad durante la pandemia. Un esfuerzo y una aportación que no pudo culminar con su sueño de llevar al Litro al Certamen en 2020, precisamente por la pandemia, que causó la suspensión del Certamen en 2020 y 2021. Llegado el momento había que finalizar su etapa y encarar un nuevo proyecto artístico, dejando ese sueño en el cajón.
¿Y la más acertada?
También difícil y comprometida: la determinación para recuperar la actividad en la pandemia. En mayo de 2020, desarrollamos protocolos anti-COVID propios y fuimos la primera sociedad en regresar a los ensayos tras el confinamiento. Fue un esfuerzo enorme, en un momento de gran incertidumbre, hicimos un gran esfuerzo de gestión, de comunicación y de control y supervisión para retomar los conciertos en formatos distintos y adaptados a las restricciones de cada momento. Pero permitió que El Litro siguiera activo artística y socialmente y reforzó mucho la imagen de la Sociedad y la confianza interna.
Otro hito destacable fue la decisión de hacer un proceso abierto y participativo para seleccionar al nuevo director de la Banda Sinfónica, algo completamente novedoso en la Sociedad. Apostar por el talento joven con rigor y transparencia, nos ha permitido contar con uno de los directores con mayor crecimiento y proyección hoy día, Saül Gómez Soler que ha marcado el rumbo de estabilidad y crecimiento de los últimos años.

“Conservar la tradición no es mantenerla intacta, sino mantenerla viva.
Dirección artística y evolución de la banda
¿Cómo ha evolucionado la banda en esta etapa?
De manera muy notable. Hemos tenido dos etapas complementarias: con Pepe Tello, una fase de reconstrucción y resistencia; con Saül Gómez Soler, una etapa de estabilidad, crecimiento y proyección.
La fuerte renovación de la plantilla, con una incorporación masiva de músicos jóvenes en los últimos años, la apuesta por proyectos exigentes y la apertura a nuevas propuestas han sido claves. Desde la participación en el Certamen hasta la grabación con Roque Baños, pasando por los viajes internacionales (Lisboa y Montpellier) o
la evolución del Concierto Mano a Mano, hemos planteado constantemente proyectos que combinaran la tradición de la banda y la innovación para atraer a los músicos y al público.
¿Qué hitos destacaría?
La participación en el Certamen es un hito destacable, pues nuestra última participación databa de 2009. Por ello, volver al certamen estaba en nuestra hoja de ruta ( ya nos habíamos inscrito en 2020) y tras la pandemia y la incorporación de Saül Gómez en 2022, volvimos al Certamen en 2024. Más allá del resultado, supuso una reafirmación colectiva: la banda volvió a mirarse a sí misma y a reconocerse como una formación extraordinaria. Tras el tercer puesto logrado, lo que cuestiona el socio es la estrategia de participación y lo que cuestiona el músico es qué ha cambiado del Certamen en su “nueva” etapa; pero lo que nadie cuestiona ahora es que la banda puede competir al más alto nivel y que la Sociedad está preparada para abordar cualquier reto.
En otro orden de cosas, hace unos meses estrenamos la grabación de un monográfico con Roque Baños, con la que El Litro ha entrado por la puerta grande en las plataformas de difusión digitales; destacable también nuestra apuesta por el Mano a Mano, con la participación de compositores internacionales y con propuestas innovadoras y cada vez más ambiciosas en lo artístico y en la puesta en escena, siempre buscando nuevos alicientes para público y músicos.
Recientemente hemos inaugurado la gira internacional de Conciertos del 20 Aniversario de Óscar Navarro y estamos expectantes del momento en que se pueda estrenar la nueva Sinfonía de Saül Gómez Soler, que está dedicada a la historia y a las gentes de El Litro.
Gestión, economía y modernización
¿Qué avances destacaría en gestión e infraestructuras?
El modelo de gestión desarrollado durante este mandato se ha basado en tres pilares fundamentales: la generación de recursos propios gracias a una junta directiva con mucha iniciativa y dedicación, un gran esfuerzo para la renovación del patrimonio y la rentabilización de los activos de la Sociedad, y la captación de financiación externa, tanto a través de crédito bancario como de subvenciones en concurrencia competitiva. Este enfoque nos ha permitido impulsar la modernización de la entidad, sin incurrir en déficits en ningún ejercicio, consolidando una situación económica sólida y sostenible.

El gran patrimonio de El Litro llevaba muchos años sin una renovación profunda ni adaptación a las necesidades de una Sociedad moderna: durante mi mandato hemos llevado a cabo la construcción y equipamiento que ya te he comentado antes en detalle.. Un esfuerzo inversor de más de 650.000 euros ejecutando obra nueva de forma prácticamente continuada a lo largo de todo el mandato lo que da muestra de la intensa dedicación del equipo directivo.
Cuidar de la música es también cuidar el patrimonio común, invertir en su mantenimiento y mejora, y asegurar que las futuras generaciones de músicos dispongan de las mejores condiciones para su formación y para el desarrollo de la actividad artística.
Dimensión educativa y social
¿Qué papel ha jugado la escuela de música?
La Escuela es la pieza clave de la Sociedad pues ahí es donde se construye el vínculo del músico con su banda y su sociedad, gracias en gran medida al compromiso de las familias.
En estos años la Escuela ha experimentado una evolución muy significativa. Por una parte, hemos concebido y construido la nueva Escuela de Música a la altura del proyecto educativo que representa: con unas prestaciones acústicas y calidades constructivas —cuidadas tanto en el aislamiento como en la calidad sonora de los espacios— junto con la adecuada distribución de aulas y zonas comunes comunicadas con el edificio social y con el Auditorio, que garantizan unas condiciones óptimas tanto para la enseñanza como para la práctica individual y colectiva.
Por su parte el equipo directivo de la Escuela ha desarrollado un proyecto pedagógico en constante innovación, con la incorporación del aula virtual y la introducción de metodologías innovadoras de aprendizaje, especialmente en las etapas más tempranas.
¿Cómo se equilibra tradición y renovación?
Fácilmente, pues son conceptos complementarios, no opuestos. Pensemos en los Fundadores de nuestra Sociedad, ¿actuaron desde el inmovilismo o con iniciativa para crear algo nuevo donde no existía nada? Ellos fueron innovadores en su tiempo y, si hoy estuvieran aquí, no nos pedirían que repitiéramos las fórmulas del pasado, sino que fuéramos capaces de adaptarnos a la realidad actual y de encontrar nuestros propios caminos, con la misma ambición con la que ellos dieron luz a este proyecto.
Conservar la tradición no significa mantenerla intacta, sino mantenerla viva. Y eso solo es posible a través de la renovación constante.
“Escuchar no significa renunciar a decidir.”
Liderazgo
¿Cómo define su estilo de liderazgo?
Yo vine aquí para ponerme al servicio de la Sociedad y de todos y cada uno de los litreros. Esto no es solo una declaración de intenciones, sino una forma de ejercer la presidencia en el día a día.
Esta visión de liderazgo empieza por la escucha. Escuchar de manera real, tratando de comprender qué hay detrás de cada opinión, de cada postura, de cada discrepancia. En una sociedad como la nuestra, donde conviven sensibilidades muy diversas, es fundamental que todas las personas se sientan escuchadas y respetadas, tanto las que comparten tu visión de la Sociedad como las que no.
Ese respeto debe ser activo, visible y constante. No se trata solo de aceptar la diversidad de opiniones, sino de integrarla en la toma de decisiones en la medida de lo posible, generando un clima en el que todos se sientan parte del proyecto común.
A partir de ahí, el liderazgo también exige capacidad de decisión. Escuchar no significa diluir la responsabilidad. Hay momentos en los que hay que tomar decisiones y marcar líneas de acción claras, y en ese proceso es fundamental saber explicarlas: trasladar el porqué y el para qué de cada decisión, hacerlo con empatía y con transparencia, de manera que, aunque no siempre se compartan, puedan ser comprendidas.
Otro aspecto fundamental es el papel del presidente como embajador de la Sociedad, más allá de la función formal de representación, tanto dentro como fuera de la casa. Como presidenta eres la primera valedora de un gran legado y eso exige responsabilidad y coherencia: cuidar el relato, transmitir orgullo de pertenencia y reforzar el valor de lo que somos, porque esa imagen también influye en cómo nos percibimos nosotros mismos como colectivo.
No se trata de ocultar las dificultades, sino de poner el foco en todo aquello que construye, que suma, que hace crecer a la Sociedad, centrar la energía en los proyectos, en los retos, en la ilusión, evitando quedar atrapados en dinámicas negativas o discursos gastados y estériles que no aportan valor ni soluciones.
En definitiva, he intentado acompañar desde dentro, más que dirigir desde arriba ayudando a que el conjunto avance de forma sólida con una visión compartida y construyendo un clima de confianza mutua.
¿Cómo entiende la esencia de una sociedad musical como El Litro?
Yo entiendo la Sociedad como una especie de Santísima Trinidad: tres dimensiones inseparables que se sostienen entre sí.
Por un lado, la dimensión artística, que es la razón de ser: la banda, la música, el proyecto artístico, la aspiración a la excelencia.
Por otro lado, la dimensión educativa: la escuela de música, la formación de las nuevas generaciones, la transmisión de valores, la aspiración de progresar.
Y, en tercer lugar, la dimensión social: la familia litrera, todos aquellos que sin ser músicos sostienen las partituras cuando el viento sopla fuerte y con su trabajo y dedicación altruista hacen que la Sociedad pueda funcionar cada día, una forma de vida y una cultura cívica que se comparte, la aspiración a trascender generaciones.
La Sociedad no puede entenderse sin cualquiera de esas tres dimensiones. Me conmueve lo que los litreros han sido capaces de construir a lo largo de tantas generaciones para dar a sus hijos la oportunidad de una vida mejor. Todo esto requiere de un esfuerzo extraordinario de muchas personas que se sienten parte de una casa común.
¿En qué punto deja la sociedad?
Llegué en un momento de división y confrontación social, una crisis delicada porque aquí no hablamos solo de gestión, se trata de personas, de sentimiento de pertenencia, de algo que es, ante todo, alma y emoción.
Ocho años después, y tras dos mandatos en los que además hemos tenido que atravesar una pandemia, la situación es muy distinta. Hoy dejamos una Sociedad con un clima de convivencia, respeto y orgullo, y con un marco más ordenado —hemos desarrollado el reglamento electoral, que aporta legitimidad y seguridad democrática en los cambios de mandato—.
La actividad artística no se ha detenido en ningún momento, incluso en las etapas más difíciles, y la banda se ha renovado y fortalecido. Al mismo tiempo, se ha hecho un esfuerzo importante por actualizar y renovar el patrimonio de la Sociedad, adaptándolas a lo que hoy necesita una entidad moderna.
También se ha trabajado en mejorar la capacidad de generar recursos, rentabilizando los activos de la Sociedad, lo que nos permite afrontar el futuro con más solvencia.
Y, sobre todo, con la sensación de haber recuperado algo que es esencial en El Litro: la convivencia desde el respeto y el sentimiento compartido.
¿Cuál es el gran reto de los próximos años?
Esta Sociedad se hizo grande el siglo pasado gracias al esfuerzo extraordinario de muchas generaciones para las que El Litro representaba una verdadera promesa de futuro: la posibilidad de ofrecer a sus hijos e hijas una vida mejor, con más oportunidades y con un fuerte componente cultural y humano.
Hoy el contexto es distinto. Las familias disponen de más recursos y los jóvenes crecen en un entorno con muchas más opciones y con una lógica más competitiva. En ese escenario, el gran reto de la Sociedad es mantener viva la vinculación y el compromiso.
Eso implica, por un lado, que las familias sigan sintiendo El Litro como algo propio y continúen colaborando activamente con la casa común. Y, por otro, que los jóvenes comprendan y valoren lo que significa formar parte de una banda: no solo desde el punto de vista artístico, sino también desde lo humano, como espacio de convivencia, de esfuerzo compartido y de crecimiento personal.
Por eso me hubiera gustado avanzar hacia modelos que integren la actividad en la banda de música de la sociedad en la formación reglada en los conservatorios. En definitiva, el reto es seguir siendo relevantes en la vida de las personas, de manera que pertenecer al Litro siga teniendo sentido para las nuevas generaciones.
“Creía que venía a transformar, y he sido yo quien ha sido transformada.”
Despedida
¿Qué se lleva de esta etapa?
Una enorme gratitud y un gran crecimiento personal. El verdadero honor de haber sido Presidenta ha sido caminar al lado de los litreros, de todos los litreros: de mis compañeros de la Directiva y de los colaboradores, de los músicos profesionales y de los amateurs, acompañar a los litreros de 8 años y a los de 88, en los ensayos, o en la nave, en la oficina o en Viachen, con las filás moras o en la Escuela de Música, con la juvenil o con el coro, con los profesores o con los anderos, en el Auditorio o en los desfiles …
Porque El Litro es una partitura que se escribe a muchas manos. Y de todos los litreros me llevo el mejor ejemplo.
¿Cómo vive el momento de dejar la presidencia?
Ahora que estoy doblando el traje de presidenta para guardarlo en el cajón, siento orgullo y mucho agradecimiento: por el cariño, por la confianza y por la consideración que he recibido en todo momento.
Y he descubierto que yo venía aquí a APORTAR, pero resulta que vine a APRENDER; creía que venía a TRANSFORMAR, y es a mí a quien esta aventura ha transformado.
A partir de hoy, vuelvo a ocupar mi lugar entre los litreros de a pie, en la butaca donde se sentaba mi padre, junto a mi madre, para esperar que se atenúe la luz, sentir la emoción del primer acorde y aplaudir siempre el talento de nuestros músicos.










