Elizabeth Carrascosa plantea una Federación más participativa, innovadora y útil para las sociedades musicales, con cinco ejes estratégicos que responden a los retos educativos, económicos, artísticos y generacionales del movimiento de sociedades musicales valencianas.
En un movimiento cultural con una historia tan rica como el de las sociedades musicales valencianas, preservar el legado no significa quedarse anclado en él.
Significa asegurar que siga vivo, que se adapte a los cambios sociales y que encuentre nuevas respuestas para las generaciones que vienen.
Esa es la idea que permite interpretar el programa con el que Elizabeth Carrascosa Martínez concurre a la presidencia de la Federació de Societats Musicals de la Comunitat Valenciana (FSMCV) para el periodo 2026-2030: pensar el futuro para transformar el presente.
Bajo el lema +Participación +Futuro, su candidatura propone algo más que un conjunto de medidas sectoriales. Plantea una Federación que acompañe mejor a las sociedades, simplifique su gestión, refuerce las escuelas de música, abra nuevas vías de financiación y convierta el talento y la juventud en motores de renovación.
Pero quizá la transformación más profunda que propone Carrascosa no esté en ninguna de estas cinco líneas de actuación, sino en una forma de gobernar la Federación completamente nueva en sus 58 años de historia. Frente a un modelo en el que las estrategias y decisiones han partido fundamentalmente de los órganos directivos, la candidatura plantea invertir los flujos de información y participación: que sean las propias sociedades musicales, desde las comarcas y desde grupos de trabajo con intereses comunes o cuestiones específicas, quienes contribuyan a definir las prioridades y construir las propuestas que después desarrollará la Federación. Un cambio radical hacia un modelo de abajo arriba, donde la participación sea el origen de las decisiones y la transparencia permita conocerlas, seguirlas y evaluar sus resultados.
Cinco ejes y un mismo horizonte: conservar lo mejor de la tradición musical valenciana, reforzando la participación real de las sociedades y su capacidad de afrontar los nuevos retos.
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Una Federación más cercana, participativa y útil para las sociedades musicales
El primer eje plantea reforzar la participación efectiva de las sociedades musicales y de las comarcas en las decisiones de la FSMCV, con espacios reales para escuchar, proponer, deliberar y cooperar. Entre sus medidas prácticas destaca una ventanilla única de atención y asesoramiento, con apoyo administrativo, fiscal, laboral y jurídico integral, y una plataforma digital unificada para facilitar los trámites y el seguimiento de consultas.
La iniciativa responde a una dificultad cotidiana para muchas entidades: mantener una intensa actividad musical y educativa mientras se afrontan obligaciones burocráticas cada vez más complejas. La gestión de subvenciones, la contratación, la fiscalidad, la propiedad intelectual o los cambios en las obligaciones administrativas y de facturación pueden representar una carga considerable, especialmente para sociedades con recursos humanos limitados.
La novedad no reside únicamente en digitalizar procedimientos, sino en concebir la Federación como un servicio más accesible y resolutivo. Su eficacia dependerá, eso sí, de que la herramienta vaya acompañada de profesionales suficientes, respuestas ágiles y una atención que no deje atrás a las entidades con menor capacidad técnica.
La propuesta recupera y supera una iniciativa que ya impulsó la candidatura de Pepe Almería en 2006, cuando se implantó un teléfono gratuito 900 para centralizar la atención a las sociedades musicales. Aquel modelo acabó dando paso a una progresiva dispersión de servicios y canales de atención. Carrascosa plantea ahora recuperar el concepto de ventanilla única, adaptándolo a las posibilidades actuales. Pero la verdadera novedad no consiste solo en reunificar el acceso, sino en ampliar la capacidad de respuesta de la Federación para ofrecer asesoramiento y soluciones integrales adoptando además un papel proactivo que permita anticiparse a las necesidades de las sociedades musicales, impulsar iniciativas y proporcionarles con antelación la información, los recursos y las herramientas necesarias para facilitar su gestión y el desarrollo de su actividad, sin esperar a que sean las propias entidades quienes tengan que solicitarlos.
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Las escuelas de música, en el centro de la estrategia
El segundo eje sitúa las escuelas de música como una pieza fundamental para asegurar la continuidad del movimiento. La candidatura propone crear una red colaborativa para compartir recursos, materiales didácticos y buenas prácticas, junto con acciones de formación permanente para el profesorado y apoyo a la gestión de los centros.
También plantea abordar cuestiones que han ganado importancia en los últimos años, como la atención a la diversidad y al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, así como impulsar un observatorio de escuelas de música que permita conocer mejor su realidad y sus necesidades. El observatorio debería servir para orientar mejoras y defender las necesidades educativas, sin generar nuevas cargas burocráticas.
La propuesta incorpora, además, la reivindicación de una financiación estable y sostenible, junto con la búsqueda de oportunidades de cooperación europea, como el programa Erasmus+, y una incorporación responsable de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial. La candidatura también defiende un marco normativo adaptado a las escuelas y la igualdad de oportunidades, con independencia del tamaño o la ubicación de cada entidad.
El planteamiento resulta relevante porque reconoce que el futuro de las sociedades musicales no depende solo de mantener sus agrupaciones en funcionamiento. También exige cuidar los espacios donde se forman los músicos, se construyen vocaciones y se transmite una cultura compartida.
El desafío será convertir esa prioridad en recursos, formación y herramientas concretas para los centros.
Pero la principal diferencia estará en las prioridades presupuestarias. En 2025, la FSMCV destinó efectivamente 11.203,53 euros a las actividades de la Xarxa d’Escoles de Música, una cantidad reducida en relación con el volumen económico de la Federación. La candidatura de Elizabeth Carrascosa plantea cambiar radicalmente esta situación, incrementando sustancialmente los recursos destinados a las escuelas de música. Porque situarlas en el centro de la estrategia federativa exige algo más que declaraciones: exige que esa prioridad se refleje también en los presupuestos.
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Del talento local a nuevas oportunidades artísticas
El tercer bloque busca ampliar las posibilidades de creación, circulación y proyección del talento musical valenciano. Entre las medidas destaca el denominado Circuito KM 0, concebido para favorecer que proyectos y propuestas artísticas circulen por distintas comarcas y encuentren nuevos públicos.
El programa también contempla el encargo de nuevas composiciones, la formación de músicos y directores, el acompañamiento al talento joven y la recuperación, protección y digitalización del patrimonio musical. A ello se suman iniciativas para dar mayor visibilidad a las unidades artísticas y promover la proyección exterior mediante una red de embajadores y acciones de internacionalización. El objetivo incluye dar protagonismo a las bandas, compositores/as, directores/as y músicos en activo, y conectar nuevas obras y patrimonio con oportunidades de interpretación y difusión. La red de embajadores/as se plantea como una iniciativa futura para fortalecer la difusión internacional.
La combinación de estas líneas apunta a una concepción de las sociedades musicales que va más allá de su función tradicional como espacios de formación y práctica colectiva. Las presenta también como agentes de creación, difusión cultural y desarrollo artístico.
La oportunidad está en conectar mejor la enorme implantación territorial del movimiento con los circuitos de programación y las nuevas audiencias. Para lograrlo, será importante definir cómo se seleccionarán los proyectos, qué recursos se destinarán a su circulación y cómo se garantizará que las oportunidades lleguen al conjunto del territorio.
Muchas de estas iniciativas ya forman parte de la actividad federativa. La diferencia que plantea Carrascosa está en cómo desarrollarlas: con mayor transparencia, mejor información y coordinación, y un diálogo permanente con las sociedades musicales, sus unidades artísticas y sus escuelas de música. Se trata de que las entidades participen realmente en la definición de los proyectos, sus objetivos y su evaluación, para que estos respondan a sus necesidades y no se conviertan únicamente en instrumentos de proyección de la imagen de la Federación.
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Más voz, representación y capacidad de negociación para lograr recursos estables
Este eje plantea reforzar la representación institucional y la capacidad de interlocución de la FSMCV ante administraciones y agentes económicos y culturales, apoyándose en datos sobre las necesidades reales de las sociedades. Persigue mejores condiciones de apoyo público, un marco normativo adecuado y una financiación más estable y previsible; también propone estudiar mecanismos de anticipación de recursos o financiación puente.
La propuesta no se limita a reclamar más fondos públicos. También plantea diversificar los ingresos mediante patrocinios, mecenazgo, colaboración empresarial, alianzas estratégicas y acceso a fondos europeos. Entre las medidas figura la creación de una unidad técnica de apoyo a la captación de recursos, además de explorar compras centralizadas y acuerdos con los ayuntamientos a través de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias. Estas vías de colaboración, incluidos los acuerdos institucionales, se plantean como propuestas por desarrollar y negociar.
Se trata de una línea con consecuencias directas para las sociedades, aunque su alcance dependerá de la capacidad de negociación de la FSMCV y de que las nuevas herramientas se traduzcan en oportunidades reales, accesibles y sostenibles. Diversificar las fuentes de financiación puede reducir vulnerabilidades, pero requiere asesoramiento, planificación y una estrategia adaptada a las distintas dimensiones de las entidades.
La candidatura plantea impulsar una colaboración público-privada que amplíe las oportunidades de financiación del colectivo. Por una parte, reivindica incrementar los recursos públicos y establecer, de una vez, un modelo de financiación estable, suficiente y sostenible para las escuelas de música, acorde con su aportación educativa, cultural y social. Por otra, propone que la Federación ayude a las sociedades musicales a estrechar relaciones con las empresas de su entorno, favoreciendo el patrocinio, el mecenazgo y nuevas formas de colaboración, como ya sucede en el deporte y otros ámbitos sociales y culturales. Pero también se trata de poner en valor y dar visibilidad a los servicios que las propias sociedades pueden ofrecer a su comunidad —conciertos, festivales, actuaciones y participación en acontecimientos locales—, convirtiendo su actividad cultural en una fuente adicional de recursos. Una Federación que no solo busque financiación para sí misma, sino que ayude a generarla directamente para sus sociedades musicales.
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Juventud, participación y futuro profesional
La quinta propuesta aborda una cuestión decisiva para la continuidad del movimiento: cómo conseguir que las nuevas generaciones no sean únicamente destinatarias de sus actividades, sino participantes activas en sus decisiones y en su evolución.
La candidatura propone impulsar comisiones juveniles, facilitar la participación de los jóvenes en los órganos y espacios de representación y fomentar el intercambio entre generaciones mediante fórmulas de mentoría. También plantea reforzar la orientación profesional, el desarrollo de competencias y las oportunidades de empleo vinculadas a la música, incluida una bolsa de trabajo. La participación juvenil se concibe también como capacidad real de propuesta y decisión, no solo como acceso a actividades o empleo.
El objetivo es conectar la participación asociativa con las expectativas de quienes se forman en las escuelas y agrupaciones. La renovación generacional no depende solo de incorporar músicos jóvenes a las bandas: también exige abrir espacios de responsabilidad, escuchar sus propuestas y ayudarles a encontrar caminos de desarrollo dentro y fuera del ámbito amateur.
En este terreno, el programa vincula la continuidad de las sociedades musicales con su capacidad para adaptarse a las aspiraciones de quienes tomarán el relevo.
Una de las novedades será la creación de servicios específicos de orientación y acompañamiento profesional para los jóvenes músicos que aspiren a convertir su formación en una actividad laboral. La Federación debe ayudarles a conocer las oportunidades de empleo, los itinerarios formativos, las posibilidades de especialización y las distintas salidas profesionales del sector musical, facilitando su conexión con conservatorios, universidades, instituciones culturales y empleadores. Se trata de que el esfuerzo formativo de las escuelas de música encuentre también continuidad en oportunidades reales de desarrollo profesional.
Conclusión. Más participación para construir el futuro
Los cinco ejes dibujan una Federación que escuche y haga partícipes a las sociedades musicales en sus decisiones, al tiempo que les proporcione herramientas para afrontar los cambios: servicios más accesibles, escuelas más sólidas, nuevas oportunidades artísticas, mayor capacidad de representación, recursos estables y protagonismo juvenil. La transformación digital ética e inclusiva atraviesa el conjunto del proyecto, con el propósito de simplificar la gestión y evitar que las entidades con menos medios queden atrás.
El reto será convertir esas intenciones en resultados verificables, con prioridades claras, recursos suficientes y mecanismos de evaluación. Ninguna propuesta se demuestra únicamente sobre el papel; su verdadero valor se mide por las mejoras que llega a producir en las sociedades musicales. El programa contempla el seguimiento y la evaluación participativa de los compromisos. También incorpora la protección del patrimonio, la resiliencia ante emergencias y la relación con la ley del voluntariado mediante propuestas más adaptadas a la realidad de las sociedades musicales.
En el fondo, las cinco líneas de actuación comparten una misma filosofía: cambiar no solo lo que hace la Federación, sino también cómo decide hacerlo. Más participación significa que las sociedades musicales dejen de ser únicamente receptoras de servicios y actividades para convertirse en protagonistas de las decisiones que afectan a su futuro. Y más transparencia significa disponer de información suficiente para conocer, valorar y participar en esas decisiones. Es esa combinación la que da verdadero sentido al lema de la candidatura: +Participación +Futuro.
Pero el punto de partida merece atención. Porque una tradición no permanece viva por el mero hecho de conservar sus formas: necesita transmitir sus valores, incorporar nuevas generaciones y encontrar respuestas a una sociedad que cambia. El futuro de las sociedades musicales no consiste en renunciar a su historia, sino en conseguir que esa historia siga teniendo futuro.
Esa es, en última instancia, la idea que articula el programa de Elizabeth Carrascosa y su equipo: escuchar, resolver y proyectar. Una FSMCV que innove sin perder sus raíces, que evalúe sus compromisos junto a las sociedades musicales y que les permita afrontar los próximos años con más recursos, más participación y más oportunidades.










