II. La experiencia: formación, gestión y conocimiento del sistema
Hay trayectorias profesionales que se construyen siguiendo un único camino. Y hay otras que, con el paso de los años, van incorporando experiencias diversas hasta conformar una mirada mucho más amplia sobre aquello a lo que uno quiere dedicarse. La de Elizabeth Carrascosa pertenece claramente a este segundo grupo.
Educación, investigación, gestión, universidad, administración educativa, proyectos internacionales y movimiento asociativo musical forman parte de un recorrido que comenzó en las aulas de una sociedad musical y que, sin abandonar nunca la práctica musical, la ha llevado a desarrollar responsabilidades en ámbitos muy diferentes.
Después de completar sus estudios superiores de Música y su formación como educadora musical, Carrascosa ejerció como docente en la red pública valenciana. Posteriormente dirigió un centro educativo, trabajó como Asesora Técnica Docente en la Conselleria de Educación, desarrolló su actividad como profesora de Didáctica de la Música en la Universitat de València y ejerció como Inspectora de Educación. A ello se suma una experiencia internacional desarrollada en Estados Unidos, Brasil y Francia.
Pero hay otro elemento especialmente relevante para quienes quieran conocer su candidatura: su relación con la propia FSMCV no comienza ahora. Desde 2012 ha colaborado con la Federación como formadora en ámbitos relacionados con la pedagogía musical y la gestión de proyectos europeos, y ha participado en diferentes iniciativas vinculadas al Centro de Estudios. Su experiencia en proyectos Erasmus+ se ha prolongado durante años y le ha permitido coordinar más de quince iniciativas relacionadas con el ámbito musical.
Todo ese recorrido explica una de las características que mejor definen su candidatura: una visión transversal de la música y de las sociedades musicales. Carrascosa no plantea únicamente gestionar mejor una estructura; plantea utilizar el conocimiento acumulado para hacer evolucionar un modelo asociativo que considera extraordinario, pero que, precisamente por su importancia, debe continuar adaptándose a las nuevas generaciones y a los nuevos desafíos.
- Su trayectoria combina formación superior, investigación, docencia y vinculación con el mundo musical. ¿Qué le ha aportado cada una de esas etapas?
Cada etapa ha ido ampliando mi manera de entender la música, la educación y la gestión. Hoy creo que esa combinación de experiencias me permite tener una visión muy transversal.
Tras finalizar el grado superior de Música y diplomarme como educadora musical en la Universitat de València, aprobé la oposición y comencé a trabajar como docente en la red pública educativa valenciana. Aquella etapa consolidó mi pasión por la enseñanza y me permitió desarrollar proyectos vinculados a nuestra cultura y nuestras tradiciones, como Dansarrels, un grupo de recuperación de la música y la danza tradicional valenciana que impulsé en el CEIP 9 d’Octubre de Alcàsser. Posteriormente, la dirección de ese mismo centro y mi etapa como Asesora Técnica Docente en la Conselleria de Educación me aportaron experiencia en gestión educativa y en la toma de decisiones. Más tarde, como profesora de Didáctica de la Música en la Universitat de València y como Inspectora de Educación, pude combinar esa experiencia práctica con la investigación y con una mirada más analítica, basada en evidencias, sobre la educación y las políticas educativas.
Mi experiencia internacional, viviendo durante algunos años en Estados Unidos, Brasil y, más recientemente, Francia, me ha permitido conocer otros modelos educativos y musicales y, al mismo tiempo, valorar todavía más la singularidad del nuestro. Y hay algo que ha permanecido constante durante todo este recorrido: nunca he dejado de hacer música ni de participar —tanto a nivel de mi sociedad como en la dinámica global del movimiento musical valenciano—. De 2019 a 2024 he sido vicesecretaria de la Academia de la Música Valenciana (MIAMV). En los últimos años cooperé como voluntaria en la gestión administrativa y pedagógica de la escuela de música de “los feos”. También a nivel local tuve la oportunidad de colaborar como traductora de conferencias en varios idiomas durante la WASBE (World Association for Symphonic Bands and Ensembles), que se celebró en Buñol en 2019. En la actualidad, además de en la Junta Directiva de mi sociedad, participo en la organización de intercambios internacionales.
Todas estas experiencias me han confirmado que tenemos un modelo asociativo y musical extraordinario, reconocido fuera de nuestras fronteras, y que ahora debemos seguir haciéndolo evolucionar para que continúe siendo un referente y responda a las necesidades de las nuevas generaciones.

“Tenemos un modelo asociativo y musical extraordinario, reconocido fuera de nuestras fronteras, y ahora debemos seguir haciéndolo evolucionar.”
- Usted conoce la Federación desde dentro. ¿Qué aprendizajes le deja esa experiencia?
Desde 2012 colaboro con la FSMCV como formadora en cursos centrados principalmente en el ámbito de la pedagogía musical y la gestión de proyectos europeos y organizados por el Centro de Estudios. He participado como formadora en diferentes jornadas comarcales y, entre 2015 y 2017, dirigí el proyecto Erasmus+ «Tecnología al servicio del aprendizaje y la creatividad: tejiendo redes europeas a través de la creación musical colaborativa», basado en el sistema Soundcool de la Universitat Politècnica de València en el que la FSMCV participó como socia a través de escuelas de música sus sociedades musicales. Desde 2014 desarrollo una intensa labor en la gestión de proyectos Erasmus+ en el ámbito musical, llegando a coordinar más de 15 iniciativas que han involucrado a centenares de alumnos, escuelas y docentes. Esta trayectoria me ha permitido adquirir una sólida experiencia en coordinación internacional y diseño de proyectos colaborativos.
Estas vivencias me han brindado un conocimiento profundo de la FSMCV como agente de conexión entre personas, territorios y realidades sociales, así como su capacidad para proyectar internacionalmente nuestro modelo. Pero, por encima de todo, me ha ayudado a valorar la extraordinaria capacidad de vertebración de nuestro movimiento sociocultural y, especialmente, la comunidad humana única que sostienen las sociedades musicales. Ese tejido vivo, hecho de esfuerzo compartido y pasión colectiva, es un patrimonio social y cultural que debemos cuidar y poner en valor.
- ¿En qué momento pensó que ya no bastaba con aportar desde fuera y que debía asumir el reto de liderar un proyecto para la presidencia?
Para muchos directivos, músicos, socios y profesionales de nuestras sociedades musicales existe la convicción de que ha llegado el momento de abrir una nueva etapa. La realidad del sector y de nuestra sociedad ha cambiado, y necesitamos nuevos proyectos y nuevas formas de trabajar para afrontar los retos de los próximos años.
Esa voluntad de cambio que comparto, me ha llevado a dar un paso adelante y a construir una candidatura con un proyecto sólido y con un equipo humano con perfiles y experiencias muy diversos que reflejan la realidad de nuestras sociedades musicales. Aunque yo sea su cabeza visible, lo importante es el equipo, la visión que compartimos y nuestra capacidad para llevarla adelante. Queremos poner todo ese conocimiento y experiencia al servicio de las sociedades musicales y construir una Federación preparada para los retos del presente y del futuro.
- Muchas sociedades musicales viven realidades muy distintas según territorio, tamaño o recursos. ¿Qué cree que no se está entendiendo suficientemente desde la estructura federativa?
Creo que debemos ser conscientes de la enorme diversidad que existe dentro de nuestro movimiento. No podemos aplicar la misma solución a todo el mundo, porque no necesita lo mismo una sociedad musical de una comarca muy poblada que una sociedad de menor tamaño de una comarca del interior. Sus recursos, sus dificultades y también sus oportunidades son diferentes.
Por eso nuestro proyecto habla de equidad, no de uniformidad. La Federación tiene que conocer mejor esa diversidad y adaptar sus servicios y recursos a las necesidades reales de cada sociedad, de cada comarca y de cada provincia. Y esto incluye también la equidad en el ámbito artístico: no todas las entidades tienen el mismo número de músicos ni las mismas posibilidades programáticas. Desde la Federación debemos ofrecer circuitos de conciertos equilibrados, asesoramiento artístico adaptado, apoyo a la creación local y recursos técnicos y de repertorio adecuados a la realidad de cada agrupación, viva donde viva.
Por eso, la visión de nuestro proyecto es que las comarcas sean espacios activos de participación, coordinación y cooperación poniendo así a las sociedades musicales en el centro de la actividad federal. Queremos que las sociedades musicales independientemente de su ubicación se sientan partícipes de las decisiones de su federación.
- Desde su experiencia profesional y académica, ¿qué prácticas o modelos cree que podrían incorporarse para modernizar la Federación?
Desde mi experiencia profesional, creo que podemos incorporar sistemas de calidad y herramientas de gestión más ágiles, fomentar la innovación pedagógica en las escuelas de música y apostar por la digitalización y las oportunidades que pueden brindar herramientas como la Inteligencia Artificial para mejorar la gestión y los servicios. Es fundamental también ampliar y fortalecer alianzas con universidades, centros de educación superior y de investigación para generar conocimiento y estrategias que nos permitan una evaluación formativa, es decir, generar evidencias científicas para tomar mejores decisiones y defender con más fuerza nuestros intereses ante las administraciones.










