El nombre de Francisco Coll estaba llamado a aparecer, tarde o temprano, en la historia del Certamen Internacional de Bandas de Música «Ciutat de València». La noticia ya es oficial: Las ruinas circulares, nueva obra del compositor valenciano, será la pieza obligada de la Sección de Honor del CIBM 2027, cuya 139.ª edición se celebrará en el Palau de la Música del 14 al 18 de julio del próximo año.
No es una elección menor. Coll, nacido en València en 1985, se ha convertido en apenas unos años en uno de los compositores españoles de mayor proyección internacional de su generación. Su música ha sido interpretada por formaciones como la Filarmónica de Los Ángeles, la Sinfónica de Lucerna, la Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, la London Sinfonietta o el Ensemble InterContemporain, y ha llegado a escenarios y festivales de referencia internacional.
Premio Nacional de Música 2025
En 2025 recibió, además, el Premio Nacional de Música en la modalidad de Composición, reconocimiento que vino a consagrar institucionalmente una trayectoria que ya había adquirido una notable dimensión internacional.
Precisamente el jurado del Premio Nacional destacó en Coll «una voz propia anclada en las raíces de la cultura española», capaz de unir vanguardia y tradición y marcada por un característico lirismo. Una definición que ayuda a entender por qué su incorporación al repertorio del CIBM puede convertirse en uno de los acontecimientos musicales más interesantes de la próxima edición.
Borges como punto de partida
El título procede directamente de uno de los relatos más conocidos de Jorge Luis Borges, Las ruinas circulares. (puede leerse en este enlace https://ciudadseva.com/texto/las-ruinas-circulares/) Pero conviene advertir que la composición de Coll no pretende trasladar musicalmente el argumento del escritor argentino. No estamos ante una narración sonora del cuento, sino ante una obra que toma de Borges determinadas ideas y atmósferas: la circularidad, la memoria, la identidad y, sobre todo, la relación entre quien crea y aquello que ha sido creado.
Es un punto de partida especialmente sugerente para una obra destinada a una formación de banda sinfónica. Porque Coll ha decidido no limitarse a trasladar a la banda un lenguaje concebido anteriormente para la orquesta. Después de años de escribir obras orquestales y operísticas, el compositor valenciano considera que había llegado el momento de enfrentarse al universo de la banda y hacerlo desde sus propias posibilidades.
Y ahí aparece una de las claves de Las ruinas circulares: la banda no es tratada como una orquesta de segunda categoría, ni como un simple vehículo para adaptar una determinada estética sinfónica, sino como un organismo musical con identidad propia.
La obra se abre con una fanfarria y transita después por corales solemnes, cantos y danzas construidas sobre ritmos repetitivos. En ese recorrido conviven referencias que evocan un pasado ancestral con ecos de determinadas músicas urbanas contemporáneas. El resultado pretende construir un espacio sonoro en el que tradición y modernidad dialoguen sin que ninguna de las dos quede sometida a la otra.
Es, en definitiva, una aproximación muy personal al mundo de la banda de uno de los compositores españoles que con mayor naturalidad se mueve hoy entre diferentes lenguajes y escenarios internacionales.
De València a Londres y al mundo
Francisco Coll comenzó su formación en los Conservatorios Superiores de València y Madrid. En 2008 se trasladó a Londres para continuar sus estudios en la Guildhall School of Music and Drama, donde trabajó con Richard Baker y, de manera especialmente significativa, con el compositor británico Thomas Adès, con quien estudió composición.
Su trayectoria posterior ha sido extraordinariamente intensa. Sus obras han viajado por Europa, Estados Unidos y otros grandes escenarios internacionales; han sido interpretadas por importantes orquestas y conjuntos y han contado con solistas de la talla de Javier Perianes, Kirill Gerstein, Sol Gabetta, Patricia Kopatchinskaja, Pekka Kuusisto, Augustin Hadelich o el Cuarteto Casals.
Su catálogo incluye música orquestal, conciertos para solista y orquesta, música de cámara y ópera. Entre sus obras figuran Hidd’n Blue, Mural, Turia, Café Kafka, Enemigo del pueblo, Ciudad sin sueño o Lilith. También ha mantenido una relación especialmente estrecha con la vida musical valenciana: fue compositor residente de la Orquesta de València entre 2018 y 2020, después de haber ocupado también otros puestos de residencia y colaboración artística con instituciones musicales europeas.
Ahora, con Las ruinas circulares, se produce un encuentro particularmente significativo: el compositor valenciano de mayor proyección internacional de su generación se enfrenta por primera vez de manera directa al gran universo de la banda sinfónica valenciana.
Borges, la música y las seis cuerdas
La relación de Jorge Luis Borges con la música fue mucho más intensa de lo que pudiera sugerir su conocida distancia respecto al tango sentimental. El escritor argentino se reconocía especialmente cercano a la milonga y llegó a convertirla en materia literaria en Para las seis cuerdas, publicado en 1965. En una entrevista de 1981 lo explicó con su habitual ironía: «No. No he escrito un solo tango en mi vida. He escrito muchas milongas». Algunas de aquellas composiciones acabarían encontrando una segunda vida al ser musicalizadas, entre otros, por Astor Piazzolla.
Borges veía además en la música popular una forma de memoria colectiva. En Evaristo Carriego llegó a escribir que «el tango está en el tiempo», mientras atribuía a la milonga una dimensión casi de eternidad. No deja de resultar sugerente que sea precisamente una obra titulada Las ruinas circulares la que, décadas después, tome a Borges como punto de partida: memoria, tiempo, identidad, repetición y creación vuelven a encontrarse, esta vez transformados en materia sonora por Francisco Coll.
El CIBM prepara su 139.ª edición
La elección de Coll se produce, además, cuando el CIBM ya ha puesto en marcha su próxima edición. El certamen se desarrollará del miércoles 14 al domingo 18 de julio de 2027, con la Sección Libre como punto de partida y las secciones Tercera, Segunda, Primera y Honor en los días sucesivos.
La convocatoria contempla hasta cinco bandas en Honor, cinco en Primera, seis en Segunda, seis en Tercera y cinco en Libre. Las inscripciones estarán abiertas del 19 al 26 de octubre de 2026.
De momento, Las ruinas circulares es la única obra obligada que ha trascendido públicamente para la edición de 2027. Las correspondientes a las demás secciones todavía no han sido anunciadas con carácter definitivo. El Ayuntamiento ha establecido que las partituras obligatorias podrán consultarse durante el periodo de inscripción y serán entregadas posteriormente a las formaciones seleccionadas.
Ese dato, aparentemente administrativo, puede tener una importancia extraordinaria para las sociedades musicales. Conocer las obras obligadas es uno de los elementos decisivos a la hora de valorar una posible participación, especialmente cuando se trata de un certamen de la dimensión artística, histórica e internacional del «Ciutat de València».
La noticia de Las ruinas circulares, por tanto, abre mucho más que la convocatoria de una nueva pieza de concurso. Abre también una pregunta apasionante: ¿qué ocurrirá cuando las mejores bandas de la Sección de Honor del mundo se encuentren en el escenario del Palau de la Música con la música de Francisco Coll?
La respuesta habrá que esperarla hasta julio. Pero, desde ahora, el CIBM 2027 ya tiene uno de sus grandes protagonistas.










