Se marcaba la emoción entre las grietas de la montaña de Ripoll una noche de canícula extrema, atentos todos al termómetro que iba incluso a crecer por las emociones de la noche.
Allí estaban todos los que son incluso los que estaban sin serlo, en un ambiente de sólida expectación como si de una tragedia griega clásica se tratara.
¿Por qué esta comparativa? Porque hay un cercano paralelismo; en primer lugar el lugar, como se decía en el romanticismo, el sitio hace la función, el entorno es mucho más, en este caso, que el marco de un lienzo, pues forma parte del acto en sí mismo, o dicho de otra manera, ¿sería lo mismo el Mano a Mano de Buñol, sin las rocas de la montaña de Ripoll, sin sus claroscuros rizados por una iluminación inteligente?
Si Davide Livermore, nos vamos a Turín ahora, con su extraordinaria sensibilidad y acierto artístico, nos hacía siempre llorar de emoción en las propuestas operísticas de Les Arts en las que firmó la dirección escénica, estamos seguros que habría sido esta vez él quién hubiese llorado ante el grandísimo espectáculo de continente y contenido que cada año se nos muestra en la forestal, industrial y, republicana como dice su himno, Villa de Buñol.
Lo clásico subyuga al espectador, más alla del Renacimiento o por mor de este, porque el teatro griego es poderosamente un instrumento para formar moral, ética y cívicamente a los ciudadanos por medio de la ficción. Nos atañe la ficción porque la historia intelectual del ser humano es la historia del desarrollo de las ficciones. Y en el Auditorio de Buñol se percibe a flor de piel.
Y con la certidumbre que da unir lo griego, lo romano -turinés en estas citas-, y a nosotros mismos, nos podemos contemplar como civilización que abarca un Mediterráneo constreñido en estos días por el genocidio, que nacidos -malnacidos en este caso-también en las orillas de nuestro amado y odiado mar, cometen con el beneplácito de las gentes del norte y la imposibilidad de hacer nada que tienen las gentes del sur de esta Tierra A en la que nos ha tocado vivir porque no hay otra versión B.
Y en estas reflexiones estábamos cuando la música que interpretaron los más de 350 músicos de La Armónica y La Artística a quiénes se unieron dos bailarines y seis coristas) fue benefactora en su totalidad. “!Emocionante¡, ¡Único!” –afirmó exultante Pedro Rodríguez, expresidente de la FSMCV y promotor de estructuras sociales para la música valenciana y de cuyo testimonio hemos entresacado estas líneas:
“Vimos una primera parte inolvidable –añadió Pedro. Y no quiero poner más epítetos. Porque un hecho que queda para siempre en el recuerdo creo que es el calificativo que mejor acompaña a lo que una obra de arte representa cuando marca parte de la existencia personal de alguien. Y esta primera parte de el Litro, al menos en mí, va a quedar ahí para siempre. Fue inolvidable. Tanto, que estoy convencido de que si la gente fuese capaz de entender el dolor y la muerte como se entendió esa noche, nuestro mundo sería distinto, las artes serían el alimento de los pueblos y los artistas y aquellas personas que los entienden, los ricos y favorecidos de nuestra civilización.
“Porque Saúl Gómez, director, nos propuso hablar del dolor y de la muerte. Sí. Ahí es nada. En un concierto de verano. Al aire libre. En una tarde noche a las puertas de las fiestas de la Villa. Propuesta valiente y atrevida sin lugar a duda y que se subió al atril como homenaje a dos músicos fallecidos de entre los suyos. Solo esa referencia de la presentadora se llevó ya, de inicio, el aplauso más largo de la noche.
“Pero no era eso solo. En el ambiente estaba también la DANA. Buñol es de las poblaciones afectadas. El número de muertos, insoportable, como la inacción del gobierno responsable aquella tarde, nos ponía en alerta ya con el programa en las manos. Dolor y muerte solo podía traer recuerdos, consecuencias, enfado, impotencia. Yo mismo atravesé la pista de Silla –recuerda Pedro– ese mismo día a las 14 horas y la siguiente foto que vi ocho horas más tarde mostraba ya coches amontonados hasta a cuatro alturas con personas muertas -atrapadas- dentro. La sangre helada en las venas. Mal cuerpo. Dolor y muerte.
“Pero empezó la música. Y la historia fue otra. La propuesta sonora superó la descriptiva, tan sencillo y profundo como eso. La primera pieza, In Memoriam de David Maslanka nos llevó a cómo lo artístico puede curar el dolor. La interpretación, acompañada de dos bailarines que jugaban con bolas iluminadas cual mundos que están al albur de quiénes los manejan, nos mostró lo efímeros y pequeños que somos, la irrelevancia de nuestros problemas, la complementariedad del todo. Sus trece minutos fueron tan grandes que consiguieron ya cambiar nuestro inicial estado de ánimo y confiar, expectantes, en que el resto del concierto mantendría el nivel. Pero la segunda pieza me hizo de inicio dudar. Pensar realmente en qué podía aportarnos a estas alturas de la partida bandística un ya conocido, y repetido, Prokofiev fue lo que vino a mi mente. No era desconfianza en la banda, ni en el autor, ni en el director, ni en el día. Era, ignorante yo, que, aun intuyendo una grandísima actuación, pensé que no entraría en la real trama dolor-muerte que se nos proponía, pero no fue así. Prokofiev nos ayudó todavía más a digerir ese dolor y esas muertes que sobrevolaban el escenario esa noche. La música tiene un poder desconocido todavía a pesar de todo lo que se ha hablado y escrito ya sobre ella. Tiene incluso el poder de sobreponerse a ella misma. De convencer de que la propuesta habitualmente plañidera y trágica que suele acompañar la imagen auditiva del dolor y de la muerte puede cambiarse por una propuesta que lleve tu espíritu, y, en suma, tus sentimientos, a otras zonas más confortables que el machaqueo constante de repetición que no trae más que más dolor a estas situaciones en lugar de consuelo. Y ya estábamos ahí, cuando por último llegó la enorme obra de Luis Serrano. El dolor y la muerte tratados desde el cariño, desde el amor fraternal, desde la muerte del hermano. Brutal final. Aunque algunos dúos, como el de piano y oboe o el de clarinete y contrabajo nos acercaban en algunos momentos a ese dolor irreparable, no duraban más que unos segundos que anticipaban la superación de la tragedia por sentimientos como la fortaleza, representada por un coro de seis ceñidas voces masculinas que no hablaban de tragedia ni tenían sentimiento alguno de venganza, el mayor, sin duda, sentimiento negativo que puede traer el dolor y la muerte como consecuencia.
E irrumpió La Artística con no menos fuerza
“Una noche inolvidable como puede verse. Y eso solo fue la mitad del concierto. Menos mal que hubo un descanso de casi una hora que nos permitió recomponernos. Algo tan terrenal como una cerveza y unas almendras nos ayudaron a estabilizar sentimientos y a reiniciarnos para poder disfrutar de una segunda parte que, si como siempre superaba a la primera por ser con la que te ibas a casa, nos daba expectativas de que la noche iba a ser completa.
“La interpretación, siempre genuina, exuberante y especial de unos Feos que quisieron dar a su director, Mario Ortuño, una despedida en la línea mantenida por este en los años que ha estado al frente de la agrupación, fue absolutamente fantástica. Un espectáculo de primer nivel como tantas veces en el que, sin dejar de sorprendernos, la elección de las obras en este caso fue más especial si cabe, mostrándonos como una banda y un director pueden estar a un nivel absolutamente inigualable en un concierto concebido, interpretado y ajustado artísticamente a su ADN y que les pone en un escalón mucho más alto que en el de cualquier certamen en el que las propuestas son mucho más encorsetadas.
“El resultado fue que nos fuimos a casa, tras visitar los locales de ambas agrupaciones a las tantas de la madrugada, contentos y mejor de lo que entramos, lo que ya es decir con los tiempos que nos ha tocado vivir.
“Si disfrutar de experiencias diferentes y nuevas es objeto del sistema turístico, o social o incluso cívico, alguien debería titular a estos encuentros como patrimonio cultural de algo, porque de verdad que cualquier difusión de lo que se puede vivir en este concierto es insoslayable.”
El cincuentenario de este concierto es tan singular y excelso que nos obliga a responder a las propuestas de Saül y Mario, el Litro y los Feos, como decíamos al principio desde las esencias del origen del teatro de nuestra civilización, los griegos. Y de entre aquellas atávicas propuestas, la tragedia que, como la definió Aristóteles es la más elevada de las formas de representación artística y la más eficaz para suscitar en el espectador la purga de las emociones, la denominada catarsis.
La música catártica nos envolvió de sensaciones liberadoras, extrovertidas, de dos formaciones de una calidad que hubieran emocionado incluso a Esquilo y Aristófanes…
Catarsis: Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones













