Que el primer mandato de María José Catalá al frente del Ayuntamiento de València ha supuesto un impulso decidido a las políticas culturales es algo que pocos discuten. Desde el inicio de la legislatura, la alcaldesa dejó claro que la cultura debía ocupar un lugar central en su modelo de ciudad, en coherencia con nuestra identidad mediterránea y con una tradición caracterizada por la creatividad, la innovación y la apertura al mundo.
Dentro de este impulso general, las políticas vinculadas a la música han experimentado un avance especialmente significativo. Así lo reconocen, con escasas excepciones, tanto los profesionales del sector como las entidades y agentes que forman parte del ecosistema musical valenciano.
La puesta en marcha de la estrategia Valencia Music City, desarrollada junto a la Universitat de València, y la creación de una Dirección General específica dependiente de Alcaldía no constituyen una simple declaración de intenciones. Son decisiones que responden a una visión estratégica y cuyos resultados comienzan ya a ser visibles.
No es necesario insistir en la revitalización que está experimentando el Palau de la Música, auténtico referente de la vida musical valenciana; ni en la recuperación de la estabilidad y la confianza en torno a la centenaria Banda Sinfónica Municipal; ni tampoco en el renovado impulso que vive el Certamen Internacional de Bandas de Música «Ciutat de València». Son realidades ampliamente reconocidas.
En esta ocasión, sin embargo, queremos detenernos en las políticas municipales dirigidas a fortalecer las sociedades musicales de la ciudad. Un movimiento que reúne a más de treinta agrupaciones distribuidas por el centro histórico, los barrios y las pedanías, conformando una red cultural y social extraordinaria que vertebra València como pocas instituciones son capaces de hacerlo. Una fortaleza colectiva que la alcaldesa supo identificar desde el primer momento.
El camino recorrido en apenas tres años ha sido notable. Y es de justicia reconocer que en este proceso las aportaciones de la Coordinadora de Sociedades Musicales de València (COSOMUVAL) y de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana en la ciudad de València han sido decisivas. También merece un reconocimiento especial el trabajo de Miguel Hernández y Domingo Carles. Su capacidad de diálogo, su compromiso y su dedicación constante han contribuido de manera determinante a hacer realidad muchos de los avances alcanzados.
Los hechos hablan por sí solos.
En primer lugar, el esfuerzo económico. Tras años de congelación de las subvenciones nominativas, este ejercicio ha supuesto un incremento de las asignaciones destinadas tanto a las sociedades musicales como a COSOMUVAL, una mejora asumida directamente desde el área de Alcaldía. Los presupuestos municipales deben seguir reflejando progresivamente la importancia de este movimiento asociativo, evitando que el apoyo institucional quede por detrás de la realidad que representan.
A ello hay que añadir las ayudas extraordinarias destinadas a las sociedades musicales de Castellar-l’Oliveral y La Torre afectadas por la DANA, una respuesta necesaria ante una situación excepcional.
En segundo lugar, destaca la incorporación de representantes de las sociedades musicales a los espacios de participación creados para el desarrollo de Valencia Music City y, por primera vez, al comité organizador del Certamen Internacional de Bandas de Música. Se trataba de una asignatura pendiente. Resultaba difícil entender que uno de los grandes acontecimientos musicales de la ciudad permaneciera parcialmente desconectado del tejido asociativo que mejor representa la tradición bandística valenciana.
Esa conexión comienza ya a dar frutos. Desde la edición de 2024, una de las actividades complementarias del certamen está dedicada específicamente a las bandas de la ciudad. Este año se materializará en un concierto interactivo y de carácter innovador en el Cabanyal. En ediciones anteriores se organizaron actuaciones y experiencias artísticas junto a formaciones de referencia como Neopercusión o Amores. La finalidad es clara: hacer que las bandas de València sientan el certamen como propio y que toda la ciudad respire música durante las semanas previas a esta cita internacional.
Igualmente relevante ha sido la creciente colaboración entre las sociedades musicales y diferentes áreas municipales. El incremento de la actividad conjunta es evidente. Cabe destacar especialmente los proyectos desarrollados junto a la Dirección General de Discapacidad, que han permitido impulsar siete iniciativas dotadas con más de 77.000 euros destinadas a favorecer la inclusión, la formación y la atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Un trabajo discreto, pero de enorme trascendencia social.
También merece una mención destacada la colaboración con la Junta Central Fallera para reforzar y dignificar la presencia de la música en las Fallas. En un ámbito donde parecía difícil innovar, se han abierto nuevas vías de participación y reflexión. Por primera vez, las sociedades musicales desfilaron antes de las mascletaes y se celebró el I Simposio de Música y Fallas, una iniciativa destinada a reflexionar sobre el papel esencial que desempeña la música en una fiesta declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
La presencia de las sociedades musicales en los grandes acontecimientos de la ciudad constituye otro de los avances más visibles. Ahí están la participación de una banda integrada por 300 músicos en las celebraciones del Corpus Christi, el tradicional homenaje al himno del maestro Serrano, la colaboración con los Gay Games València 2026 o la incorporación de la Banda de Sant Marcel·lí al prestigioso programa Serenates al Claustre de la Universitat de València, entre otras iniciativas.
Paralelamente, la alcaldesa ha querido respaldar personalmente esta línea de trabajo mediante su presencia en algunos de los acontecimientos más relevantes de la vida social de estas entidades. Lo hizo en los aniversarios de dos sociedades musicales del Cabanyal y también apoyando el ilusionante proyecto de la Sociedad Musical de Malilla que representará por primera vez a la ciudad en el prestigioso certamen internacional de Kerkrade, en los Países Bajos.
Son gestos que reflejan una convicción profunda: situar a las sociedades musicales en el centro de las políticas musicales de la ciudad. Porque su aportación va mucho más allá de la actividad artística y forma parte de la propia identidad colectiva de València.
Permítanme concluir recordando un episodio que resume mejor que cualquier balance el espíritu de esta colaboración. Las sociedades musicales participaron en Castellar-l’Oliveral en un concierto histórico dirigido por Gustavo Dudamel en apoyo a los músicos afectados por la DANA. El maestro venezolano dirigió a músicos de nuestras bandas en una actuación que ya forma parte de la memoria musical reciente de la ciudad.
Quienes estuvieron allí difícilmente olvidarán aquel momento. Tampoco las palabras emocionadas de Pere Pau Carrillo, presidente de la Societat Musical Santa Cecília de Castellar-l’Oliveral, cuando afirmó que había sido una de las experiencias más hermosas de su vida. Hay testimonios que explican mejor que cualquier dato el valor de lo vivido.
Y lo cierto es que nuestras sociedades musicales lo merecen. Mantener viva una sociedad musical exige un esfuerzo constante por parte de directivos, músicos, familias y socios. Son entidades que generan comunidad, fortalecen los barrios, educan en valores y construyen ciudad a través de la cultura como pocas organizaciones saben hacerlo.
Por eso, seguir apoyándolas no es únicamente una apuesta cultural. Es una apuesta por la València que queremos ser. Continuará…
*Manuel Tomás Ludeña es Coordinador General de Alcaldía de l’Ajuntament de València












